Bajo la piel longeva de la noche, camino solo… furtivo.
Mecen al viento los hijos del cielo, samaritano y preludio.
En la espesura solemne del tiempo hay unos pasos cansados.
Viajan luceros, cometas; mesura imponente, recuerdos pausados.
Las farolas danzan, como fallidos fantasmas; en los albores.
Enigmático, imperturbado, el universo es abanico meciendo colores.
Camino, mi tiempo sin prisa, sólo me importa ella… la vida.
Los pájaros son mensajeros, las estrellas señoras; la luna cautiva.
El sendero es mar, es agua de plata, caricia pronta, cauda, reproche.
Es doncella virtuosa, a las doce, en el corazón de dos… yo y la noche.
El tibio aliento quiere besarme, ocurrente, en la frente, en los ojos.
Mis manos son remolinos quietos, guerreros dormidos, soñando, de hinojos.
Tiritan las luces, llegan los disfraces; de las luciérnagas, de las gladiolas.
Cálido el aroma, envuelve en capullo el torrente que arrulla las horas.
Duermen tersas las letras nocturnas en el oído de las nubes curiosas.
Sus piernas son llanuras geométricas, la noche y sus labios, lírica, poética.
Ángeles osados, encaramados en mis hombros; retozan, hay tornaboda.
Esparcen luceros prendidos y atrevidos, en mi taciturna boca.
A espaldas de mañana, estoico, el porvenir me espera, sin amarras.
Camino sonriente, tengo argumentos, vivo sereno, osado… liberado …
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.
Benjamín Torres Uballe. Ciudad de México. Escritor de poesía y cuento. Ha publicado dos poemarios. Es colaborador de la revista cultural "El Búho" www.revistaelbuho.com. También es articulista del portal de noticias www.ferriz.com.mx. Bienvenidos.
jueves, 22 de marzo de 2012
domingo, 4 de marzo de 2012
EL OLVIDO
Para Juanito y todos los años de su equipaje.
Es la noche del alma ausente,
moribunda y triste, en girones (inexistente).
Abismo que abraza el infierno,
en la negrura brutal de sus ojos perdidos,
vencidos, como parias, sin caminos, sin vidas.
Las manos, desesperanza rastrera, hiedra cortante.
Áspera piel sentida, llanto suplicante, errante.
Sordos y mudos, todos; miseria llorada en la sangre.
Taciturno el tiempo se agolpa en el agónico silencio.
Presteza que olvida, el espejismo, la vida, el esplendor,
viento interminable, ramillete inconsolado, espacio silente.
Es lo triste, lo aciago, la pena; es el hombre… llorado, olvidado.
Desventura en el andar gastado: de la luna, del dolor, de Dios.
Perversas horas de ilusión, aprendizaje innecesario.
Vano el corazón del páramo vivido, tristeza, pena, trituración.
Es el hombre, arrumbado, defenestrado, muerto… en el olvido.
Llegan puntuales las aves de mayo en su carruaje dolido;
son mudas, alas atadas; difuminadas horas perdidas.
Apura una tumba, inmensidad que aclama;
conciencias que dudan, maleadas, forjadas.
Almendro, ¿dónde estás?, mi alma dice que engañas.
Contemplación, mortaja abandonada, tu alma ajada con vida, vaga.
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.
Es la noche del alma ausente,
moribunda y triste, en girones (inexistente).
Abismo que abraza el infierno,
en la negrura brutal de sus ojos perdidos,
vencidos, como parias, sin caminos, sin vidas.
Las manos, desesperanza rastrera, hiedra cortante.
Áspera piel sentida, llanto suplicante, errante.
Sordos y mudos, todos; miseria llorada en la sangre.
Taciturno el tiempo se agolpa en el agónico silencio.
Presteza que olvida, el espejismo, la vida, el esplendor,
viento interminable, ramillete inconsolado, espacio silente.
Es lo triste, lo aciago, la pena; es el hombre… llorado, olvidado.
Desventura en el andar gastado: de la luna, del dolor, de Dios.
Perversas horas de ilusión, aprendizaje innecesario.
Vano el corazón del páramo vivido, tristeza, pena, trituración.
Es el hombre, arrumbado, defenestrado, muerto… en el olvido.
Llegan puntuales las aves de mayo en su carruaje dolido;
son mudas, alas atadas; difuminadas horas perdidas.
Apura una tumba, inmensidad que aclama;
conciencias que dudan, maleadas, forjadas.
Almendro, ¿dónde estás?, mi alma dice que engañas.
Contemplación, mortaja abandonada, tu alma ajada con vida, vaga.
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.
martes, 21 de febrero de 2012
SENSACIONES
En la sonoridad del gran silencio viven;
los amantes convergen, en el ser, en el querer.
Palpitan las sensaciones de sus almas, en las sombras, en las auroras.
Se comen deseosos, ansiosos, a besos;
estremecen, rendidos florecen.
Incontrolados, son cauces de sus vidas;
álamos pariendo a impulsos nuevos.
Perdidos, solos, en el llano infinito de sus trenzados cuerpos.
Así renacen, viven.
¡Ah!, los amantes: se buscan, se encuentran, se pierden... reverdecen en su follaje.
Eternizadas noches, delirio.
Pausas interminadas, claros y sombras, sí, permanecen nunca se han ido.
Ninguna dicotomía, son raíces singulares. Breve dilema, cantan sus manos.
Ellos: cielo, infierno, llanto, risa, nada;
en lo extraño del amor, confluye todo.
Rendidos sucumben en la planicie voraz de la vida, de sus sexos, de su tiempo.
Los amantes son nuevos y viejos, eros y juegos, sueños inmersos.
Los amantes, los besos, los tiempos; sus ojos, sus manos, son otra vez, cielo e infierno.
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.
los amantes convergen, en el ser, en el querer.
Palpitan las sensaciones de sus almas, en las sombras, en las auroras.
Se comen deseosos, ansiosos, a besos;
estremecen, rendidos florecen.
Incontrolados, son cauces de sus vidas;
álamos pariendo a impulsos nuevos.
Perdidos, solos, en el llano infinito de sus trenzados cuerpos.
Así renacen, viven.
¡Ah!, los amantes: se buscan, se encuentran, se pierden... reverdecen en su follaje.
Eternizadas noches, delirio.
Pausas interminadas, claros y sombras, sí, permanecen nunca se han ido.
Ninguna dicotomía, son raíces singulares. Breve dilema, cantan sus manos.
Ellos: cielo, infierno, llanto, risa, nada;
en lo extraño del amor, confluye todo.
Rendidos sucumben en la planicie voraz de la vida, de sus sexos, de su tiempo.
Los amantes son nuevos y viejos, eros y juegos, sueños inmersos.
Los amantes, los besos, los tiempos; sus ojos, sus manos, son otra vez, cielo e infierno.
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.
jueves, 16 de febrero de 2012
LA MAGNOLIA
Cuando te vas, libre, vestida con el alma,
con el arrullo fino de los cantos, la vida clama.
Tu inexistencia triste me destroza, me rebasa.
Tantas dudas tuyas me desbordan, me abalanzan.
En el desapego de mis yerros permanezco.
En el alfabeto de lo necio no lo intento.
Labriego fatigado soy en la vendimia de tu cuerpo.
Labios sedientos de amor; labor pronta que he colmado.
Veleidad en vuestras voces, en las lunas, en los soles.
Vaciedad mirar atrás, es ingenuidad total, asedio a lo posible.
En el abatido sentimiento, sin mácula, mi recuerdo a tu recuerdo.
En el abrigo de tus ojos, de tus manos, desarraigo el absentismo.
Miro el desazón, el desasosiego, la damnación, cuando te has marchado.
Mágica sin embargo tu ausencia... en la inmensidad de la magnolia nuestra.
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.
con el arrullo fino de los cantos, la vida clama.
Tu inexistencia triste me destroza, me rebasa.
Tantas dudas tuyas me desbordan, me abalanzan.
En el desapego de mis yerros permanezco.
En el alfabeto de lo necio no lo intento.
Labriego fatigado soy en la vendimia de tu cuerpo.
Labios sedientos de amor; labor pronta que he colmado.
Veleidad en vuestras voces, en las lunas, en los soles.
Vaciedad mirar atrás, es ingenuidad total, asedio a lo posible.
En el abatido sentimiento, sin mácula, mi recuerdo a tu recuerdo.
En el abrigo de tus ojos, de tus manos, desarraigo el absentismo.
Miro el desazón, el desasosiego, la damnación, cuando te has marchado.
Mágica sin embargo tu ausencia... en la inmensidad de la magnolia nuestra.
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.
OLAS
Callada, imponente. Luminosa rompes la mañana.
Al igual que olas vencidas, en la tregua de tu mar, preciso amarte.
Serena descansas, me atrevo a tocarte con el alma en ristre.
Mis besos devoran tu cuerpo, soy explosión, quiero vivirte.
Laureles ciñen tulipanes del recuerdo; tus horas ciertas para siempre.
Todo es verde en este valle; reina aquí la placidez, no quiero ni marcharme.
Guardas mis ojos en los tuyos, soy lágrima olvidada. Soy aquí en tu morada.
Deja en el crisol pausado, tiempo exacto a nuestras manos.
En tu cálido fulgor, converge el paso de los años.
Tantas huellas de sol, de luz, de tardes, de las noches... estrelladas.
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.
Al igual que olas vencidas, en la tregua de tu mar, preciso amarte.
Serena descansas, me atrevo a tocarte con el alma en ristre.
Mis besos devoran tu cuerpo, soy explosión, quiero vivirte.
Laureles ciñen tulipanes del recuerdo; tus horas ciertas para siempre.
Todo es verde en este valle; reina aquí la placidez, no quiero ni marcharme.
Guardas mis ojos en los tuyos, soy lágrima olvidada. Soy aquí en tu morada.
Deja en el crisol pausado, tiempo exacto a nuestras manos.
En tu cálido fulgor, converge el paso de los años.
Tantas huellas de sol, de luz, de tardes, de las noches... estrelladas.
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.
RUISEÑOR
En las noches no soy... me voy... puntual.
Me despojo del fastidio, de este cuerpo ruidoso, estorboso.
Viajo asido de las alas del ruiseñor nocturno,
desboco ya en el enigma del mar de escasos sueños.
Soy húmedo dolor cautivo, incontinuada flor, sonoros mis latidos.
Llegan las voces, apuran, se marchan; las quiebro y me rompo.
Vueltas más vueltas, son lo que no quiero; espacios, palabras, todo el silencio.
En las noches soy también como ermitaño,
juego desnudo con las estrellas, con el alma, con el permutar del ansia entera.
Arriba soy fuego, anfitrión de lo perdido; en mi cama absurdo juego comodino.
Juglar es mi disfraz en las sombras juguetonas del final de mi existencia.
En las noches ya no estoy... me quedo en la imponencia plena de los sueños.
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro, sin la autorización por escrito del autor.
Me despojo del fastidio, de este cuerpo ruidoso, estorboso.
Viajo asido de las alas del ruiseñor nocturno,
desboco ya en el enigma del mar de escasos sueños.
Soy húmedo dolor cautivo, incontinuada flor, sonoros mis latidos.
Llegan las voces, apuran, se marchan; las quiebro y me rompo.
Vueltas más vueltas, son lo que no quiero; espacios, palabras, todo el silencio.
En las noches soy también como ermitaño,
juego desnudo con las estrellas, con el alma, con el permutar del ansia entera.
Arriba soy fuego, anfitrión de lo perdido; en mi cama absurdo juego comodino.
Juglar es mi disfraz en las sombras juguetonas del final de mi existencia.
En las noches ya no estoy... me quedo en la imponencia plena de los sueños.
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro, sin la autorización por escrito del autor.
miércoles, 15 de febrero de 2012
LABERINTO
Blancos muslos de luna,
en el laberinto de tu tarde, cautivos yacen perdidos.
Se embriagan presuntuosos en mi boca, en las horas (vividas).
Cabello de trigo soleado, extasiado, anclas mis manos a tus senos.
Ríos furiosos te cercan como al silencio las ansias plenas.
En el claustro de humedad, el eco de tu cuerpo solitario me provoca.
La verdad de tu belleza socava al tiempo, como la hierba.
Dame, indulgente, la paz que necesito, hoy que muero por ti.
Hoy que suave me deslizo, hoy que en tus ojos fugitivos, dócil... agonizo.
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.
en el laberinto de tu tarde, cautivos yacen perdidos.
Se embriagan presuntuosos en mi boca, en las horas (vividas).
Cabello de trigo soleado, extasiado, anclas mis manos a tus senos.
Ríos furiosos te cercan como al silencio las ansias plenas.
En el claustro de humedad, el eco de tu cuerpo solitario me provoca.
La verdad de tu belleza socava al tiempo, como la hierba.
Dame, indulgente, la paz que necesito, hoy que muero por ti.
Hoy que suave me deslizo, hoy que en tus ojos fugitivos, dócil... agonizo.
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.
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