viernes, 22 de febrero de 2013

DON LUIS WALTON ABURTO Y EL ACAPULCO VIOLENTO. (O UNAS LÁGRIMAS DE COCODRILO)

Artículo.

El nombre de “La Perla del Pacífico” definía con absoluta precisión al paradisiaco balneario mexicano cuya fama a nivel mundial era incuestionable. Entre los años 1950 y 1970 alcanzó su punto más alto de “glamour”. Los miembros del llamado jet set vacacionaban en Acapulco, contraían matrimonio, filmaban películas y algunos hasta adquirían espectaculares casas con vista a la espléndida bahía. Las estrellas mexicanas de la época contribuyeron a la exquisita fama del puerto al hacerlo su punto de reunión social. Agustín Lara fue el más “descarado”; se inspiró ahí para escribir su famosa canción “María Bonita” dedicada a la Doña.

Para el habitante de la ciudad de México era toda una aventura ir de vacaciones con la familia, o viajar para la luna de miel, y en esos años quién no se escapaba algún fin de semana con los amigos para recorrer cuanto centro nocturno fuera posible, tomarse todas las cubas libres que el cuerpo aguantara, e intentar el “ligue” con alguna “gringa” voluptuosa y calenturienta.

Eran años dorados. Estar en el famoso Acapulco era verdaderamente entrar en el paraíso, con su clima edénico, el mar seductor abrazado por sus hermosas playas, y como inigualables anfitriones, su maravillosa gente porteña, atenta, servicial y cálida.

¿Dónde quedó entonces aquel esplendoroso Acapulco, remanso de diversión sana, de apacibles caminatas por la costera, de crepúsculos interminables, de romanticismo perenne y extático para todos quienes lo visitábamos?

Desde hace varios años la violencia irrumpió, al parecer en forma definitiva, en el siempre bravo estado de Guerrero, acentuándose en años recientes con la manifestación incontenible del llamado “crimen organizado”, el cual ha regado de cadáveres, sin compasión alguna, la región, y muy dolorosamente Acapulco no ha sido la excepción. Al contrario, el pasado día 7 del mes en curso, el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal AC, a través de su portal web, ubicó al otrora paraíso del Pacífico en el segundo sitio del ranking mundial de las 50 ciudades más violentas.

El hartazgo de la población guerrerense llegó al límite. En ciertas comunidades de la Costa Chica y La Montaña aparecieron desde 1995 los denominados “movimientos de autodefensa” y las “policías comunitarias”. Recientemente en El Mesón, del municipio de Ayutla de los Libres, la comunidad se erigió en tribunal popular para juzgar mediante usos y costumbres a 53 personas, es decir, harán justicia por su propia mano. Ante esto, algunas ONG y colegios de abogados ya alertaron en el sentido de que Guerrero se ha convertido en un estado fallido. Y es precisamente aquí donde puede estar una de las respuestas al declive de Acapulco. La falta de aplicación de justicia ha exacerbado a las víctimas, y en Guerrero se han encendido desde hace tiempo los focos rojos, aunque el señor gobernador Ángel Heladio Aguirre Rivero intente minimizar el hecho.

Un acto cobarde y despreciable sucedido la madrugada del pasado domingo 4 de febrero en un búngalo en el poblado Alfredo V. Bonfil, en la Zona Diamante de Acapulco, confirma la inseguridad: 6 turistas españolas fueron abusadas sexualmente por cinco sujetos armados. Esto es un drama tremendo y una vergüenza para el país. Sin embargo, para el alcalde de Acapulco, Luis Walton Aburto, “esto sucede en cualquier parte del mundo, no sólo en Acapulco”. Tal es la ignorancia, arrogancia y desfachatez de este insensible “político”. De nada sirvieron sus posteriores disculpas por tan desafortunada declaración.

Al ilustre señor Luis Walton Basurto le brota por todos los poros del cuerpo la necesidad inmediata para que alguno de sus colaboradores o asesores le explique minuciosamente que: la globalización no aplica en modo alguno en el deleznable delito del abuso de mujeres, es decir, que no porque suceda en cualquier parte del mundo, también debe acontecer en Acapulco. Tampoco estaría de más enterarlo del conocido adagio: “mal de muchos, consuelo de… ”, o incluso de la frase del filósofo inglés Francis Bacon: “un hombre no es sino lo que sabe”.

El Operativo Guerrero Seguro ha generado sólo resultados parciales, sin embargo, la violencia no ha sido erradicada en el estado ni en Acapulco. El cobro de piso, extorsión y secuestro son los delitos más recurrentes que caen como plaga maldita, principalmente sobre los acapulqueños.

Acapulco vive prácticamente del turismo. En la actualidad, más del nacional, pues el extranjero ha migrado a destinos como Cancún, Los Cabos y Puerto Escondido, entre otros. Los tres niveles de gobierno tienen la ineludible obligación de restaurar la seguridad en el destino de playa más popular en México. De nada sirven las cuasi lágrimas del señor presidente municipal solicitando ayuda al gobierno federal si no comienzan él, y el gobernador del estado, Ángel Heladio Aguirre Rivero, a dejar de comportarse como un par de frívolos políticos tránsfugas, y toman en serio la noble tarea de gobernar a esa maravillosa parte de la república mexicana, tarea que hasta el día de hoy por los resultados mostrados les ha quedado demasiado grande. Cuánta razón tiene don Alejandro Martí: “si no pueden, renuncien”.



STATU QUO POLÍTICO.

La respetable maestra doña Elba Esther Gordillo insiste en la ridícula necedad de aparecer como una mártir ante sus agremiados; ahora lo hizo con la gran “inteligencia” que posee, para compartirnos su epitafio: “aquí yace una guerrera, como guerrera murió”. Por supuesto que hay que reconocerle su actitud guerrera. La belicosidad con la que ha sabido eternizarse 23 años al frente del SNTE desde donde ha podido convertirse de una sencilla maestra en Nezahualcóyotl a una acaudalada y envidiada ciudadana que lo mismo reside en su exclusivo departamento de Polanco que en su lujosa casa de Coronado, en Estados Unidos. Nada de pobrezas, ¡eh!, nada de departamentos o casas de interés social como las que habitan la mayoría de los sindicalizados. ¿De dónde provendrá la fortuna de la “maestra”? Estoy seguro que a su gremio le gustaría saberlo… o confirmarlo.

# YO SOY FLORENCE CASSEZ

Artículo.

A los eruditos ministros de la Corte Olga Sánchez Cordero, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena y Arturo Zaldívar les fue prácticamente imposible ocultar la camiseta que traían bajo la toga. La leyenda en ella parecía ser la siguiente: #Yo Soy Florence Cassez.

Acerca de esta humillación para todos los mexicanos se han escrito ríos de tinta en todos los medios mexicanos y franceses. Es un tema delicado per se. Durante décadas, la impartición de justicia ha representado una de las mayores vergüenzas para la nación entera. Los encargados de su aplicación la prostituyeron a través del tiempo hasta convertirla en deplorable mercancía de segunda mano, y por años la han ofertado a quien pueda pagarla.

No debería entonces sorprendernos la cuestionada conducta de los señores magistrados que votaron a favor de la liberación de madame Cassez, ya que sólo representan la parte final del tortuoso camino judicial en el caso de la ciudadana francesa.

Escudarse inmoralmente en argucias legaloides, simplemente hunde más en el fango de la deshonra a quienes tuvieron la responsabilidad, y la incumplieron, de dar a cada quien lo que se merece. El gran escritor mexicano Carlos Fuentes decía que “hay formas del prestigio que lo abarcan todo”. Es evidente que los doctos ministros no conocen la contundente frase.

El ominoso comportamiento del Poder Judicial ha sido cuestionado por la sociedad mexicana de manera recurrente hasta perder la cuenta. Hoy lastimosamente demuestra a plenitud su sometimiento a otro poder: el Ejecutivo, a pesar de negarlo y de intentar grotescamente justificar lo que a todas luces es injustificable.

Los mexicanos sabemos que la señora Cassez no puede presumir de inocente. La Corte no la amparó por ser inocente, como ella pregonó a su llegada a Francia, sino por “violaciones graves a los derechos de presunción de inocencia y debido proceso”, así que no sólo es una presunta secuestradora, también una consumada y vulgar mentirosa.

El gobierno francés montó un circo mediático para recibir a la Cassez, y celebrar el hecho de que al fin se salió con la suya; también, a que su contraparte mexicana haya cedido a la presión gala. De nada tienen que vanagloriarse en aquel país. Es una desvergüenza mayúscula que reciban como heroína a una detestable delincuente.

En cuanto a los culpables del vodevil montado para mostrar a los medios la aprehensión de la “estrella franchute”, ¿seguirán en la acostumbrada impunidad? El superpolicía del sexenio pasado Genaro García Luna y su protector y jefe, don Felipe Calderón Hinojosa, no pueden salir incólumes, aunque se oculten en Miami y Harvard, después del tenebroso y fallido montaje que “organizaron” plagado con tan hilarantes y tremendas pifias, que finalmente causaron la excarcelación de Cassez.

Las víctimas claman justicia, pero sus voces continúan extraviadas en el laberinto inextricable del sistema judicial mexicano. Cometieron el error más grande e imperdonable con el que se puede nacer en nuestro país: ser pobres, y ser pobres significa padecer o morirse de hambre, ser marginado socialmente e invariablemente ser excluido de lo más decoroso para el ser humano: la libertad y la justicia.

El pueblo mexicano ha repudiado la decisión de la Corte. Si bien la enorme mayoría de nosotros ignoramos el complicado lenguaje del Derecho, también es cierto que conocemos uno mejor que resiste la más rigurosa de las pruebas éticas: el de la probidad. Y en esto los mexicanos han basado su decisión inapelable para declarar culpables a todos aquellos que participaron en el “show Cassez”: la policía, los jueces, los ministros, Televisa, e incluso algún despistado comunicador con ínfulas quijotescas.

Nunca antes fue más cierta y absoluta la sentencia “Vox populi, vox Dei”, misma que les debe pesar como tremenda losa a los respetados ministros de la Corte. Entonces, de nada sirve que intenten otorgarse a sí mismos un amparo liso y llano; el pueblo ha dicho.

Como epílogo de este ejercicio periodístico y, únicamente (lo aclaro), con propósitos reflexivos, dejo las siguientes líneas con el mayor de los respetos a los multicitados señores ministros: “Yo veo un México con hambre y con sed de justicia… un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla”. Las palabras de Luis Donaldo Colosio a 19 años de su cobarde asesinato aún siguen vigentes y retumbando en las conciencias de todos aquellos que ejercen torcidamente la impartición de justicia en nuestro querido México.



STATU QUO POLÍTICO.

Más violencia.

La ola de violencia en el país continúa de manera desenfrenada. Todos los días hay asesinatos en el territorio nacional, pero en el Estado de México la situación es verdaderamente crítica, de tal forma que el Ejército patrulla las calles de municipios como Atizapán, Huixquilucan Naucalpan, Tlalnepantla, y refuerza la seguridad en Ecatepec y Nezahualcóyotl. En la capital mexiquense el problema no es menor y agentes federales realizan rondines en la ciudad. Ante tanta anarquía y sangre, el jefe de Gobierno del Distrito federal está muy activo para poner en acción su plan Escudo Centro, en el que pretende lograr la adhesión de los gobernadores del Estado de México, Hidalgo y Morelos; incluso se habla también de los de Guerrero y Querétaro. ¡Alto a la violencia!

Cultura.

Para atemperar las malas noticias, les sugiero visitar la exposición del talentoso caricaturista michoacano Rogelio Naranjo, Naranjo, denominada Vivir en la raya. La sede es el Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM, del 24 de enero a finales de julio de este año. El costo es de 30.00 pesos y es sencillamente digna de verse.

martes, 29 de enero de 2013

LA CIUDAD DEL CONOCIMIENTO Y LA CULTURA: ¿UNA UTOPÍA?


…detrás de los prodigiosos hechos económicos
se oculta el rugiente y poderoso motor del cambio:
la tecnología.

Alvin Toffler

El Shock del Futuro


 

Artículo

“México ha perdido competitividad, capacidad de crecimiento mayor, porque hemos perdido capacidad para ser más productivos”. Contundente fue el diagnóstico del presidente Enrique Peña Nieto el pasado día 17 del mes en curso en el estado de Hidalgo, al dar inicio al proyecto: Pachuca, Ciudad del Conocimiento y la Cultura.


Nada nuevo descubrió el primer mandatario en su señalamiento. Lo han sabido durante sexenios sus antecesores, incluidos los panistas, y todos prefirieron evadir el tema o “enfrentarlo” con la acostumbrada y perniciosa retórica populista, pues en tan tremenda ignorancia y frivolidad consideraron que la ciencia no es un “producto” políticamente rentable.

Lo rescatable de tales declaraciones es la aceptación clara, sin cortapisas, del grave problema que afecta al país en materia de ciencia y tecnología desde hace décadas. El tema es extremadamente complejo, ya que su origen es multifactorial. Inicia con la deficiente educación que se imparte a los alumnos durante su vida escolar, donde las escuelas primarias y secundarias están en condiciones deplorables, y los maestros, salvo muy honrosas excepciones, pasan buena parte de su horario laboral en paros y marchas ordenadas por sus nefastos líderes sindicales.

En los niveles medio superior y superior la situación no mejora mucho. El IPN y la UNAM, principalmente, realizan una tarea verdaderamente loable, pero los recursos presupuestales que les asignan cada año son, a todas luces, insuficientes para atender la demanda de la población estudiantil que requiere acceso a sus planteles. Incluso, los programas que ofertan ambas instituciones deben ser revisados escrupulosamente, y de ser necesario, reorientados a las necesidades que México precisa para competir en el mundo actual. Es decir, el sistema educativo debe preparar integralmente profesionistas de elite, hoy se requieren más ingenieros e investigadores en las diversas áreas tecnológicas, y menos licenciados que, lamentablemente, debido a la saturación y obsolescencia de las carreras profesionales cursadas, en un alto número terminan engrosando las cifras del desempleo, trabajando como taxistas o en el comercio informal, lo que representa, además de la frustración, una inversión inútil en su educación por parte del Estado.

La iniciativa privada también ha colaborado de manera rotunda en el rezago productivo. Por años se acostumbraron a la protección del mercado interno, a la no competencia. Innovación, desarrollo y capacitación fueron conceptos en los que no estuvieron dispuestos a invertir un peso. A excepción de algunas exitosas empresas, la mayoría se conformaba con sus ventas domésticas. Por ello, cuando se abrieron las fronteras por los diversos tratados comerciales, inexorablemente iniciaron sus penurias.

El gobierno, como rector de la economía en el país, tiene la principal e ineludible responsabilidad de generar la estructura legal, social, económica y comercial para que México transite en el camino correcto hacia la tan necesaria e impostergable modernidad. La nación padece enormes y severas carencias ancestrales que podrían no sólo ser paliadas, sino superadas definitivamente mediante políticas claras e innovadoras que alienten en forma definitiva la inserción en el exigente y competido mundo global.

Un mal gobierno se constituye como una ignominiosa rémora en el desarrollo y bienestar de cualquier pueblo cuando esos gobernantes se dedican a implantar onerosos e inútiles programas sociales consistentes en dádivas para la población, en lugar de invertir en una eficaz infraestructura educativa, de justicia, de ciencia, tecnología e innovación, a través de la cual se incentive, entre otros, la creación de industrias manufactureras y de servicios, lo cual redundaría necesariamente en fuentes de empleo mejor pagadas, lo que a su vez detonaría un círculo virtuoso para fortalecer el raquítico mercado interno.

El porcentaje del PIB que México dedica a ciencia y tecnología es de tan sólo 0.44%, y aunque para este año 2013 aumentó a 0.49%, aún es insuficiente y muy lejano al 1% que por lo menos debe asignarse a ese rubro, según lo indica el artículo 9 bis de la Ley de Ciencia y Tecnología.

En México, la educación escolar de calidad es prohibitivamente cara y quien pretende cursarla debe pagarla, lujo que únicamente pueden adquirir los miembros de la clase pudiente y eventualmente mediante un esfuerzo que raya casi en el sacrificio, una mínima parte de la población de otros estratos sociales. La diferencia en el abanico de oportunidades entre los egresados del sistema educativo público y las escuelas privadas de alto nivel son inmensas, y es el propio presidente del Ejecutivo una clara muestra de ello: proviene de la Universidad Panamericana y del Tecnológico de Monterrey, dos de las escuelas más caras en el país.

La educación es poder, y en la República Mexicana simple y llanamente existe, al igual que en otros sectores, un abismo infranqueable entre quienes tienen acceso mediante la educación a la ciencia y tecnología y quienes no. El Estado tiene la obligación inaplazable para que todo mexicano tenga acceso a ellas, ya que es un derecho inalienable. Es indiscutible que alumnos de excelencia los hay en cualquier universidad; la diferencia no es de capacidad, sino de la infraestructura a la que tienen acceso.

El mexicano es verdaderamente talentoso, creativo, como el que más. Así lo demuestra día a día, pero es necesario dotarlo de las herramientas necesarias para que explote al máximo su portentosa inteligencia; cuando así sucede, lo vemos destacar en cualquier disciplina: en la ciencia, en las artes (en ambas tenemos Premio Nobel), en el deporte, como empresarios, como ejecutivos, en fin, en cualquier disciplina. Sin embargo, es aquí donde se manifiesta uno de los más condenables yerros del Estado; a los investigadores, y científicos, simplemente lejos de incentivarlos y reconocer su trabajo, los ignoran, dejan que vayan a otros países donde los emplean y aprecian su valía laboral.

En la actualidad, México es el país miembro de la OCDE que menos invierte en ciencia y tecnología, y lo enfatizó el rector de la UNAM, José Narro Robles: “México tiene una deuda histórica con la pobreza y la desigualdad. Creemos que sólo será posible saldar esa deuda si se fortalece la inversión en ciencia, tecnología e innovación”.

Ojalá que el proyecto de la Ciudad del Conocimiento y la Cultura no sea uno más y se quede como siempre en palabras vacías e inútiles, en el oropel perverso del discurso hueco y electorero. El gobierno priista tiene la oportunidad única de redimirse ante la nación en este tema de capital importancia para todos los mexicanos, de quienes la gran mayoría no sólo tiene hambre física, también de justicia, educación, empleo, y por supuesto, de cultura.


STATU QUO POLÍTICO.

A propósito de cultura, el PRD demuestra una vez más su desinterés por ella. Ahora es el delegado en la Miguel Hidalgo, Víctor Hugo Romo, quien desdeña la encomiable labor del escritor y periodista René Avilés Fabila en el Museo del Escritor. Pronto terminará el comodato que por cinco años le otorgaron en el local que ahora ocupa. Si el delegado actúa con probidad, inteligencia y sensibilidad política, apoyará el desarrollo del museo y le asignará un lugar decoroso.


Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción parcial o total a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.

jueves, 10 de enero de 2013

DRAGON MART: ¿LA OFICIALIZACIÓN DE LA INVASIÓN CHINA?

Artículo

Cuando adquirimos o usamos una computadora, chamarra, desarmador, la serie para el árbol de Navidad, el teléfono para la casa, el celular, tenis, reloj, baterías, foco ahorrador de energía, refrigerador, horno de microondas, juguetes, es decir, prácticamente todo aquello que de manera cotidiana forma parte de nuestro entorno en el hogar o en nuestro centro de trabajo, nos encontramos con la muy famosa leyenda: “Made in China”, frase a la que lamentablemente nos hemos acostumbrado, principalmente en las últimas dos décadas.

China, como todos lo sabemos, pasó de ser una economía cerrada a una con presencia en prácticamente todos los países del mundo. Su Producto Interno Bruto creció a porcentajes muy elevados y constantes, aun por arriba de las naciones más industrializadas que paradójicamente hoy enfrentan serios problemas económicos y sociales como consecuencia de sus lamentables e inmorales excesos, amén del irresponsable desorden en sus finanzas; simplemente gastaron lo que no habían generado.

El llamado “gigante asiático” desarrolló la extraordinaria habilidad para acumular reservas monetarias excepcionales, recursos que de hecho son un instrumento contundente a la hora de negociar y comprar en condiciones ventajosas materias primas a otros países, lo cual, aunado a los subsidios gubernamentales y los paupérrimos salarios de hambre que se pagan en esa nación, le permite llegar con sus productos a los mercados internacionales con precios inferiores a sus costos reales, esto en detrimento de los mercados locales, cuyos efectos perversos no se han hecho esperar: quiebra de empresas y desempleo, son los principales.

Las naciones “tercermundistas” –hoy pomposamente llamadas “economías emergentes”- han acusado el daño de manera inmediata e irreversible, ya que al no contar con tecnología competitiva les es más cómodo comprar que intentar competir, lo cual les resulta imposible. En México, y sólo a manera de ejemplo, basta con abordar el Metro en el DF para ser intimidado por la saturación de mercancía chatarra que se oferta sin recato alguno, o caminar por cualquier calle del Centro para darse cuenta que prácticamente todos los vendedores ambulantes expenden mayormente baratijas chinas.

La perseverancia de los chinos es francamente de resaltar, van a donde sea, donde están los mercados. Aprenden las costumbres de los consumidores locales, se integran a ellos; eso los hace unos competidores difíciles de enfrentar y vencer. Junto a esto, han logrado la transición para producir hoy ya no únicamente baratijas, sino bienes de alta tecnología.

Es precisamente en el tema tecnológico y en la economía de escala donde se mueven con toda comodidad los exportadores asiáticos. Los países técnicamente pobres constituyen sus principales y sumisos clientes.
Tristemente entre éstos se encuentra México.

La república mexicana es un país que nunca invirtió lo suficiente en investigación para desarrollar tecnología propia, sus gobernantes por años consideraron a este rubro poco importante y políticamente nada redituable. Hoy paga el alto costo, pues carece de los recursos técnicos para hacer frente a la oleada china, quien desde hace años pasó como aplanadora sobre la endeble industria mexicana, particularmente en los sectores textil, zapatero, ferretero, mueblero, de autopartes, e iluminación, por mencionar sólo algunos.

Transformado México en uno de sus bastiones de mercaderías en América Latina, China pretende convertir de manera oficial a nuestro país en su bodega en el continente americano, es decir, que de manera descarada, sin inhibición alguna, va por la consumación oficial de la “invasión china” mediante la apertura del megacomplejo comercial Dragon Mart, en Quintana Roo, el cual tiene como meta la exposición permanente y venta al mayoreo de productos chinos, tales como muebles, ferretería, equipo médico, agroindustrial, autopartes y de construcción, en una superficie de 122 mil metros cuadrados, donde se ubicarían 3 mil 040 locales, a lo que habría que agregar la llegada de unos 12 mil chinos relacionados con la operación del proyecto.

El golpe mortal no se hará esperar en el muy corto plazo en la desigual contienda entre “David y Goliat”. Las dificultades para las micro, pequeñas y medianas empresas, que son más del 90% en México, aparecerán irremediablemente en el horizonte, en caso de que el mencionado proyecto sea aprobado sin el análisis riguroso, puntual y objetivo que por lo delicado del caso deben realizar inexcusablemente las autoridades mexicanas en consenso con todas las partes que de una u otra forma pudiesen resultar afectadas.

Por lo pronto, líderes de las diversas cámaras industriales y de comercio, así como académicos y expertos en comercio internacional, han alzado la voz y alertado sobre el inminente peligro de la consumación atroz y aberrante de tan cuestionado proyecto en perjuicio de fuentes de empleo tan urgentemente necesarias en el país.

Cierto es que el país no puede ni debe aislarse de la dinámica actual con la que se mueve el comercio global en el mundo, pero tampoco es aceptable entregar el territorio en una muy dispar e “inocente” cauda de “facilidades” oficiales. Los asiáticos defienden a ultranza su moneda, colocan barreras arancelarias cuando así lo consideran, también sin pudor alguno levantan muros disfrazados de trámites burocráticos, por lo que no pueden invocar la reciprocidad comercial cuando ellos no la ponen en práctica. Por lo tanto, la pregunta fundamental es: ¿debe México tender ilimitadamente y de forma servil el tapete para que los chinos nos sigan vapuleando comercialmente?

Cabe entonces cuestionar al actual gobierno de Enrique Peña Nieto si está dispuesto a pagar el altísimo costo político que implicaría autorizar esta nueva forma de colonización de una potencia extranjera. Y por si acaso en el gabinete aún no le han informado al Presidente las estimaciones de crecimiento en el PIB de ambos países para el 2013, aquí las participamos: México alrededor de 3.4%, China arriba del 8%; en consecuencia, vaya que luce un tanto desigual la competencia entre un peso completo y un peso gallo, ¿no lo cree usted así, amigo lector?

Aunque tan delicado asunto tiene aristas y repercusiones sociales y políticas, no debe juzgarse como un nacionalismo mal entendido, se trata primordialmente de negocios. Astucia, firmeza y estrategia comercial deben predominar para defender la enorme cantidad de empresas y fuentes de empleo que estarían en riesgo, y de las que México hoy, absolutamente, no puede darse el lujo de perder una sola.


Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.

domingo, 16 de diciembre de 2012

"VOLAR MUY ALTO Y MUY LEJOS": PEÑA NIETO

Artículo.

El Presidente de México, muy emocionado, expresó una optimista y hasta pudiera decirse bonita frase el pasado 12 del mes en curso durante una gira por San Luis Potosí. “Estamos emprendiendo el vuelo, queremos volar muy alto y volar muy lejos…”. Tales palabras seguramente fueron dichas de buena fe y no sin cierto dejo de inocencia, ya que irremediablemente hacen recordar a un presidente priista de triste memoria para los mexicanos en el sexenio de 1970-1976: Luis Echeverría Álvarez, cuyo lema de gobierno fue “Arriba y adelante”.

Cierto que desde aquel populista, represor, ineficaz y acaso sangriento régimen echeverrista, han transcurrido 36 años a través de los cuales el país como cualquier otro ente vivo, ha sufrido grandes transformaciones sociales, económicas, demográficas y políticas, es decir, la nación de hoy poco tiene que ver con lo que era en los años setenta.

Enrique Peña Nieto ha iniciado su gestión con decisiones ciertamente importantes y trascendentales que auguran, al menos en el arranque del sexenio, voluntad e inteligencia políticas para la toma de decisiones por difíciles y costosas que éstas sean. La inmovilidad, pasividad y ambigüedad en el recién concluido gobierno panista, se convirtieron en pesadas rémoras para el avance del país en las áreas estructurales; basta con voltear a ver las cifras del desempleo abierto, las del comercio informal, el lugar que ocupa la calidad de nuestra educación escolar en el mundo, y también el exiguo crecimiento del PIB, el cual no es para presumir -aunque algunos insistan en hacerlo.

La administración actual, hay que decirlo, actúa políticamente correcta al desactivar de entrada las provocaciones de aquellos “resentidos y trastornados por el deseo de poder”, que amenazan rudimentariamente con llenarle de obstáculos el camino mediante ignominiosos chantajes y burdas e hilarantes amenazas, además de pretender distraerle de actividades prioritarias y fundamentales.

Diálogo y acuerdos son la esencia de la actividad política. Y el Presidente cuenta hoy con dos operadores políticos de grandes ligas en el Congreso; tanto Manlio como Gamboa poseen la onza de oro para realizar tan delicada y fina tarea, por lo que en consecuencia, el margen de maniobra para el jefe del Ejecutivo se abre significativamente y con esto llevar a buen puerto las reformas estructurales que tanto precisa México. Ha iniciado exitosamente con dos: la aprobación a La Ley Orgánica de la Administración Pública Federal y la reforma educativa.

Los espaldarazos que el Presidente ha recibido en los primeros días de trabajo tanto en el país como en la comunidad internacional, entre ellos el gobierno de los Estados Unidos, redundan en un ambiente menos áspero y más confortable, lo que sin duda genera una atmosfera de confianza, propicia para un mejor desempeño en la cotidiana e impostergable labor de la toma de decisiones.

Sin embargo, es precisamente en la conformación del gabinete donde se generan las primeras dudas y cuestionamientos para Peña Nieto: el número de mujeres que han sido incluidas es incuestionablemente bajo e insuficiente, aún más si se considera que por lo menos una de ellas ocupa el cargo como parte de la acostumbrada “cuota política”. Pero las interrogantes se magnifican con los nombramientos “sorpresivos” de personajes identificados por la sociedad mexicana como miembros del viejo PRI, de ese viejo y desgastado partido político cuyo bagaje de corrupción, autoritarismo, demagogia, atraso e ineficacia se constituyen como peligrosas sombras de dudas en un regreso al pasado, de un vergonzoso más de lo mismo.

Corresponde pues al presidente Peña Nieto, mediante decisiones y hechos contundentes, demostrar al pueblo de México que el abyecto PRI al que los mexicanos lanzaron del poder hace 12 años hoy no está de regreso, porque eso sería un suicidio político y una irreparable pérdida de tiempo para esta gran Nación que es México. Los mexicanos estaremos muy vigilantes de que ese “volar muy alto y muy lejos”, no se quede en simple retórica populista, y por el contrario sea efectivamente el despegar hacia cielos más promisorios y justos donde las esperanzas de 110 millones de mexicanos puedan al fin realizarse.

Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.

sábado, 8 de diciembre de 2012

FERNANDO SAVATER EN CU

Relato.

Es miércoles 5 de diciembre a las once de la mañana. Viajo apretujado y soporto muchos vándalos disfrazados de vendedores ambulantes. Durante 75 minutos me transporto en un deprimente autobús suburbano con tarifa de primera, servicio de sexta y música de bandas a decibeles demoniacos. Desde el norte del Estado de México me dirijo al Metrobús en la estación Potrero, donde me encuentro con mi amigo David, le ofrezco disculpas por la ofensiva tardanza. Luego, y tras chutarnos 34 asfixiantes estaciones a vuelta de rueda hasta el Centro Cultural Universitario, por fin llegamos corriendo a la Sala Nezahualcóyotl. Son las 13:40 horas, para entonces hemos completado dos horas con 40 minutos de trayecto.

El motivo de tanto ajetreo es que David y yo estamos muy ansiosos por escuchar la conferencia magistral que impartirá el escritor y filósofo español Fernando Savater. Apenas nos estamos sentando cuando inicia la ponencia de este literato de 65 años. El tema es “Ética con Urgencia”, que corresponde al tema y título de su nuevo libro.

Habla media hora con extraordinaria fluidez, en los cuales expone estupendamente el tema, tanto, que desde el inicio atrapa la atención del público conformado principalmente por jóvenes universitarios, y que ocupan totalmente las 2,229 butacas de tan hermosa y elegante sala.

Después contesta durante 35 minutos, preguntas que le formulan tanto la directora de Literatura de la UNAM, como algunas del público estudiantil; estas últimas sin duda fueron las de mayor interés. No se guardó o evadió respuesta alguna, las abordó todas con envidiable lucidez, síntesis, sencillez y particularmente con un espléndido sentido del humor característico de estos grandes personajes.

Durante su conferencia expresó conceptos que se quedan en la memoria, pero sobre todo para la reflexión, y como él lo refirió, “mis libros no pretenden ser el punto de llegada, sino apenas un pequeño punto de partida”. Así es el tamaño de la sencillez y objetividad de éste también ex profesor universitario que se comporta con la frescura y desenfado de un treintañero.

Savater ha pronunciado frases en tono de broma y otras muy en serio; pero todas sin duda alguna con gran significado, he aquí sólo algunas como muestra:



“Ética es aquello que les falta a todos los demás”.

“Las protestas son irrelevantes si tras de ellas no vienen la propuestas”.

“Los valores surgen en las crisis, no cuando todo marcha bien”.

“Los valores no se han perdido, no se puede hablar que se nos olvidaron en algún autobús”.

“La buena educación cuesta muy cara, pero los países que no inviertan en ella terminarán pagándola aún más cara”.

“Los humanos son creyentes o pensantes”.

Al final, sí que valió la pena y por mucho, tan tremenda excursión expiatoria que temerariamente realicé hoy, pero que sin embargo al ver a los jóvenes verdaderamente interesados en el tema y en el escritor, refresca y alimenta el alma. En lo personal me congratula con la vida y con el oficio de escribir.

¡Uf, ahí voy! de regreso a casa, me esperan otras dos horas y media en transporte público, la primera etapa es en el Pumabús al Metro Universidad, lo bueno es que el servicio es gratuito.




Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.


sábado, 1 de diciembre de 2012

¿NUEVO PRI?

Artículo.

En este mes de diciembre, los mexicanos iniciamos, para bien o para mal y por los próximos seis años, una nueva etapa de gobierno con el PRI al frente de la administración pública.

Para el ciudadano común y corriente, que conformamos la contundente mayoría de la población en el país, el regreso del partido tricolor al poder después de doce años constituye, tras las decepcionantes administraciones panistas, apenas una leve luz de esperanza en las apremiantes necesidades de cada día.

Es indudable que el nivel de bienestar en los mexicanos se pauperizó aún más en los dos últimos sexenios panistas: el desempleo abierto aumentó a niveles alarmantes, el subempleo creció substancialmente. Ante esto, muchos connacionales encontraron en el comercio informal un endeble salvavidas para poder sobrevivir, y muchos otros se vieron obligados por la necesidad a emigrar en busca del cada vez más lejano y cruel “sueño americano”. El Presidente del “empleo” simplemente se dedicó, eso sí, con intensidad, a otras actividades de mayor “relumbrón” político.

Una de las necesidades básicas del ser humano es la seguridad, y en esta obligación el presidente Calderón fracasó de manera estrepitosa al conducir a la nación y a las fuerzas armadas a una inútil, sangrienta y costosa guerra contra el crimen organizado. Los miles de muertos a consecuencia de tan grave yerro son los más absolutos y tristes testimonios de esa guerra fallida que sólo logró exacerbar, como nunca en la historia moderna, los índices de violencia en buena parte del territorio nacional.

En el gobierno calderonista la corrupción se paseó de manera impune e inmoral, y se exhibió vergonzosamente a través de casos tan ignominiosos, sólo por mencionar algunos, en: las fugas masivas en los penales tanto en los federales como en los estatales, el proyecto y construcción de la “célebre” Estela de Luz, los obscuros contratos y negocios en la CFE y Pemex, en el Instituto de Migración, pero el punto máximo se evidenció grotescamente en lo que más daña a la sociedad mexicana: la falta de una aplicación digna, efectiva y expedita de la justicia, la que normalmente es vendida al mejor postor por quienes deberían impartirla, tal como lo evidencian los casos de personas declaradas inocentes después de haber pasado años recluidas injustamente.

Hoy, miles de jóvenes carecen de oportunidades para ingresar a planteles educativos, muchos otros egresan de las universidades sólo para formar parte del voraz demonio del desempleo, convirtiéndolos potencialmente también en un peligroso caldo de cultivo a favor de la delincuencia. Es definitivo que se requiere con urgencia destinar verdaderamente mayores recursos a la educación e investigación, pues sabido es que talento lo hay, y de sobra, en los mexicanos; así lo demuestran todos aquellos que brillan en el extranjero, lo mismo en la NASA que en las mejores universidades, en las artes, o incluso en la iniciativa privada. Lo que es bárbaramente ineficiente y se convierte en un pesado lastre es la deplorable infraestructura en calidad y cantidad que conforma el desigual sistema educativo mexicano.

La industria mexicana, salvo muy honrosas excepciones, está muy rezagada con relación a otras economías emergentes, ya no se diga respecto a las naciones desarrolladas, o incluso con las asiáticas; todo originado principalmente por la falta de inversión en los rubros de investigación y desarrollo, lo cual nos ha llevado a constituirnos en meros maquiladores y ser dependientes tecnológicamente de otros países, lo que es equivalente a colocarse en el mediano plazo un revolver en la cabeza.

Tiene, pues, el PRI ante sí una oportunidad inmejorable e histórica para corregir sus errores del pasado por los cuales la sociedad mexicana lo echó de Los Pinos, esa sociedad que estaba harta de las eternas y nefastas prácticas priistas: corrupción, ineficacia, demagogia, compadrazgos, clientelismos, falta de justicia y la producción vergonzosa de nuevos políticos ricos cada sexenio.

México en el 2012 es otro. Su sociedad evolucionó hasta convertirse en la actualidad en un crítico implacable, dejó de ser el observador pasivo y pusilánime para ser un actor cotidiano en la vida del país. De poco o nada sirve el insultante discurso de que la macroeconomía está en niveles excelentes si tal mejoría no se refleja en los bolsillos y en las mesas de millones de familias en la República Mexicana.

¿Podrá y querrá el PRI insertar a este poderoso México en la justicia, progreso y modernidad? A este maravilloso país que, como lo dijo Colosio en su memorable discurso de 1994: “Yo veo un México con hambre y con sed de justicia… un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla”.

Con hechos, el PRI deberá demostrar si regresó para gobernar únicamente por seis años, o su proyecto y compromiso con los mexicanos y la historia es verdadero y a largo plazo. Ellos tienen la palabra y los hechos, sólo ellos.