Cuento.
Sí, la culpa definitivamente la tiene Dios; cada primavera es exactamente lo mismo, vivo en un gravísimo dilema acerca de mi statu quo, y la terrible batalla que libran mis sólidos principios morales y las obscuras, y aún más determinantes fuerzas del mal con que me empacaron cuando vine a este mundo, ¿cómo a qué me refiero? , pero si está clarísimo.
Las veo más felices, radiantes, hermosas, voluptuosas, exuberantes, con su capacidad de libido al límite; ellas lo saben, y además saben también que yo lo sé, luego entonces, se dejan mirar, admirar, desear, amar; con ese rubor en sus mejillas de tal coquetería que no hay defensa alguna contra esa arma letal , ¿cómo a quiènes describo? ¡Carajo! Pues a quiénes va a ser; a las MUJERES, A LAS MUJERES SEÑOR.
Caminan obscenamente delicadas, superlativamente esplendorosas, con esos vestidos ligeros, cortos, de lino o algodón, en los que afortunadamente puede uno admirar esas piernas de concurso, torneadas, firmes, bronceadas con el sol de Abril. Otras, las más, con esos jeans pegados como segunda piel, y que idiotizan festivamente la comuna de mis inquietas hormonas.
Literalmente me encantan, cuando las veo caminando por la Av. Madero en ramillete multicolor, de todas edades; rubias, morenas, altas, bajitas, mexicanas, extranjeras; pero mi razón deja de funcionar si una españolita muy seria con ojos color miel, llamada Begonia me pregunta cómo llegar al Zócalo, o una "gabacha" en un shorcito de mezclilla, y con tremendas piernas, me dice ¿may you help me?, soy anti yanqui a ultranza, no imbécil, así que me olvido de ello, y claro que no sólo la ayudo, sino la llevo hasta el templo mayor, y ahí, si me lo pide ¡hasta me caso con ella!
Verlas con sus lentes de sol, de plano es espectáculo aparte, es una pasarela que subyuga, y que no se ve en París, Milán o Londres, aquí es espectáculo generosamente gratis, lucen todas las marcas inimaginadas: Prada, Dolce&Gabbana, Armani, Cartier, Ray-Ban, Chanel, Dior, Serengeti; en eso me deleito hasta el éxtasis, y es que digo verdad plena, todas son pecadoramente bellas.
Y qué decir de las mujeres excelsas de mis afectos; la que está físicamente a mil Kms. de distancia, simplemente embellece a cada instante de la primavera, y no me canso de admirarla y amarla hasta la idiotez total, ella es punto y aparte; mi ex, hace tiempo que me tiene absorbido el seso por completo con su despampanante belleza, amor, talento, y ultimamente con sus muy intensas "fajadas"; ¡ah! y de la que hace tiempo me hechiza con sus ojazos negros, hoyuelos en las mejillas y 1.68 de altura.
¿Sí o no tiene la culpa Dios de todos mis desvaríos primaverales? ¿De todas mis demencias entre el 21 de marzo y el 20 de Junio? ¿De mi estado de éxtasis y anencefalia temporal? , claro que sí, y basta una sola razón para culparlo...¿Para què las hizo tan bellas y les regaló además la primavera?
Autor: Benjamìn Torres Uballe; prohibida la reproducciòn total o parcial a travès de cualquier medio, con fines de lucro, sin la autorizaciòn por escrito del autor.
Benjamín Torres Uballe. Ciudad de México. Escritor de poesía y cuento. Ha publicado dos poemarios. Es colaborador de la revista cultural "El Búho" www.revistaelbuho.com. También es articulista del portal de noticias www.ferriz.com.mx. Bienvenidos.
miércoles, 18 de mayo de 2011
ANDARES
Cuando me haya alcanzado ya
la indolora luz en la implacable tarde,
cuánto deseara no ver en mí sombras que me ataren,
y volar libre al horizonte, volar al fin, a los ojos de mi madre. /
Si me he marchado ya,
quedarán ahí, de súbito olvidados,
girones de mis días, andares del pasado.
Habré pagado sí, quizás, mis deudas de contado,
unas a la vez, el resto con enfado. /
No habré postergado más encuentros indeseados,
no habrá necesidad si acaso me he marchado.
Nada llevaré, nada necesito;
bastarán por última vez
los poemas que yo habré escrito. /
Cierto que ya, cuando el sol me haya llorado,
dejen de doler los pasos cotidianos,
todo, sí, lo sé, cuando ya me haya marchado...
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.
la indolora luz en la implacable tarde,
cuánto deseara no ver en mí sombras que me ataren,
y volar libre al horizonte, volar al fin, a los ojos de mi madre. /
Si me he marchado ya,
quedarán ahí, de súbito olvidados,
girones de mis días, andares del pasado.
Habré pagado sí, quizás, mis deudas de contado,
unas a la vez, el resto con enfado. /
No habré postergado más encuentros indeseados,
no habrá necesidad si acaso me he marchado.
Nada llevaré, nada necesito;
bastarán por última vez
los poemas que yo habré escrito. /
Cierto que ya, cuando el sol me haya llorado,
dejen de doler los pasos cotidianos,
todo, sí, lo sé, cuando ya me haya marchado...
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro sin la autorización por escrito del autor.
sábado, 9 de abril de 2011
OJOS VERDES
Se inquieta el corazón en la zozobra,
esta noche, en que paciente el mar te vence.
Refrena cauto el horizonte mientras tus marmóreos muslos
beben la luz etérea de mi alma sedienta. /
Olvídanse reclamos áridos e infaustos,
mi aliento permea impúdico el talle de tu cuello, hermoso;
y te entregas en las voluptuosas horas
del continuo escalar la cumbre de tu cuerpo. /
Recorro tu vientre en los puntos cardinales donde me quedo quieto,
en esos labios de Venus, de tu cálido sexo.
Tersa es la piel de los brazos en que me subyugas,
y me atas a ti, como lasciva red de bocas ansiosas. /
Esta noche no más mujeriego impenitente,
el amante ocasional de tan espléndida belleza.
Hoy refrendas en mi ser tentación, concupiscencia. /
Me deleito, al florecer de la mañana, de tu rubia exquisitez,
de mirar tus ojos verdes, de saber, de admitir que estás en mí,
una y otra vez, así, cuando te siento. /
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro, sin la autorización por escrito del autor.
esta noche, en que paciente el mar te vence.
Refrena cauto el horizonte mientras tus marmóreos muslos
beben la luz etérea de mi alma sedienta. /
Olvídanse reclamos áridos e infaustos,
mi aliento permea impúdico el talle de tu cuello, hermoso;
y te entregas en las voluptuosas horas
del continuo escalar la cumbre de tu cuerpo. /
Recorro tu vientre en los puntos cardinales donde me quedo quieto,
en esos labios de Venus, de tu cálido sexo.
Tersa es la piel de los brazos en que me subyugas,
y me atas a ti, como lasciva red de bocas ansiosas. /
Esta noche no más mujeriego impenitente,
el amante ocasional de tan espléndida belleza.
Hoy refrendas en mi ser tentación, concupiscencia. /
Me deleito, al florecer de la mañana, de tu rubia exquisitez,
de mirar tus ojos verdes, de saber, de admitir que estás en mí,
una y otra vez, así, cuando te siento. /
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro, sin la autorización por escrito del autor.
martes, 22 de marzo de 2011
MARZO
Me rindo, ¡sí!
Es tan obsceno el verde perfecto de tus ojos,
y no puedo más ya enfrentarme indemne a ellos.
Hoy claudico en el hechizo inmoral de tu belleza,
me atrapas en el acometer perverso de tus besos,
ventajosos, igual que el sol claudica puntual entre murmullos.
Mis brazos te buscan en la avidez febril de la incipiente tarde,
te quedas ahì, cual doncella guerrera en la gloriada luz de su victoria.
Entonces no, el tiempo no existe...
es sólo obligado cómplice fugaz
a la consumaciòn etérea que vence los sentidos,
de este sortilegio tuyo, tan audaz, tan esperado...
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro, sin la autorización por escrito del autor.
Es tan obsceno el verde perfecto de tus ojos,
y no puedo más ya enfrentarme indemne a ellos.
Hoy claudico en el hechizo inmoral de tu belleza,
me atrapas en el acometer perverso de tus besos,
ventajosos, igual que el sol claudica puntual entre murmullos.
Mis brazos te buscan en la avidez febril de la incipiente tarde,
te quedas ahì, cual doncella guerrera en la gloriada luz de su victoria.
Entonces no, el tiempo no existe...
es sólo obligado cómplice fugaz
a la consumaciòn etérea que vence los sentidos,
de este sortilegio tuyo, tan audaz, tan esperado...
Autor: Benjamín Torres Uballe; prohibida la reproducción total o parcial a través de cualquier medio con fines de lucro, sin la autorización por escrito del autor.
viernes, 11 de marzo de 2011
AMANECER
Despertar en ti, otra vez...
inmerso en tu alma,
en el amanecer... de tus ojos,
de mí mismo
en las formas perfectas
de tu erudita belleza...
Autor: Benjamìn Torres Uballe; prohibida la reproducciòn total o parcial a travès de cualquier medio con fines de lucro, sin la autorizaciòn por escrito del autor.
inmerso en tu alma,
en el amanecer... de tus ojos,
de mí mismo
en las formas perfectas
de tu erudita belleza...
Autor: Benjamìn Torres Uballe; prohibida la reproducciòn total o parcial a travès de cualquier medio con fines de lucro, sin la autorizaciòn por escrito del autor.
viernes, 4 de febrero de 2011
SOÑANDO...
Cuento.
¡Càrajo! Es el noticiario de media noche, una importante cadena televisiva destaca la noticia: 12 hombres acribillados con armas de asalto en el norte del país, 6 en un bar de la zona de tolerancia de una ciudad porteña en el pacífico mexicano, cinco allá por el ajusco, 7 en Tepito, 6 granadas de fragmentaciòn arrojadas a un cuartel de policìa en el noreste; infortunadamente estos hechos parecen repetirse cotidianamente en casi todo el territorio nacional desde hace al menos unos cuatro años.
Violencia, narcotráfico, secuestros, extorsiones, asesinatos, robos, uff, y la lista es aún muy amplia; me temo que se vive en un ambiente insoportablemente angustioso, de tal manera que he venido pensándolo desde hace como un año, y no aguanto ya otro día; a pesar de mi veintena de guardaespaldas adiestrados en Israel, de plano dejo el país; me voy a radicar a New York, desde ahí estableceré mi centro de operaciones para manejar todas mis industrias, mis casas de bolsa, mis agencias de automóviles, mis inmobiliarias, mis líneas aéreas, y mi banco con sus 247 sucursales.
Hombre, claro que sí, por supuesto extrañaré México; como el no hay dos, aquí se vive a plenitud si se tienen los recursos para ello, afortunadamente es mi caso.
La previsión es uno de mis agudos talentos, y hace 8 años compré en Manhattan un departamento de 200 metros cuadrados, justo ahí frente a Central Park; nadie imagina la vista, o sea, ¡supercool!.
Con el Mercedes blindado y el Ferrari, no hay ningún problema, me los enviarán en un contenedor exprofeso para el caso; mi vestuario prefiero dejarlo aquí en el país; aprovecharé la ocasión para renovarlo, no sé si en Beverly Hills, o me doy una vuelta rápida a París en mi jet privado.
Tanto mi secretaria particular como mi asistente personal, ya están apuntadìsimos para irse conmigo; y no tengo problema para ello, una es egresada de Harvard, y el otro del MIT, ambos con MBA, y se adaptan perfectamente al “american way of life”.
Lo que lamento un tanto, y caray, ni modo, uno tiene sentimientos, es que indirectamente afectaré fuentes de empleo en el D.F.; sobre todo en los restaurantes de Santa Fe, Polanco, y alguno que otro de la Condesa y también las boutiques de Av. Masaryk… ¡eh pinche huevòn levántate, ya son las 5:30, a trabajar, luego te quejas que no puedes ni entrar al metro!, no te vayan a ganar el lugar en el tianguis de Neza, y va a venir a chingar el pinche dueño que le paguemos los siete meses de renta..Órale, tómate tu atole y lárgate… y ya te dije que te quites esa pinche chamarra mugrosa del América para lavártela cabròn, pareces puto retrato, hasta que no te de de una madriza vas a entender guey… chale, pinche de mi vieja, chingao, se mancha… tan chido que estaba soñando… puta, ya se me pasó el microbus, chaleee.
Nota: El personaje de este cuento no existe, ni tampoco el escenario, es pura ficción; lo que sí existe es la vieja gandalla del pinche huevòn.
Autor: Benjamìn Torres Uballe; prohibida la reproducciòn total o parcial a travès de cualquier medio con fines de lucro, sin la autorizaciòn por escrito del autor.
¡Càrajo! Es el noticiario de media noche, una importante cadena televisiva destaca la noticia: 12 hombres acribillados con armas de asalto en el norte del país, 6 en un bar de la zona de tolerancia de una ciudad porteña en el pacífico mexicano, cinco allá por el ajusco, 7 en Tepito, 6 granadas de fragmentaciòn arrojadas a un cuartel de policìa en el noreste; infortunadamente estos hechos parecen repetirse cotidianamente en casi todo el territorio nacional desde hace al menos unos cuatro años.
Violencia, narcotráfico, secuestros, extorsiones, asesinatos, robos, uff, y la lista es aún muy amplia; me temo que se vive en un ambiente insoportablemente angustioso, de tal manera que he venido pensándolo desde hace como un año, y no aguanto ya otro día; a pesar de mi veintena de guardaespaldas adiestrados en Israel, de plano dejo el país; me voy a radicar a New York, desde ahí estableceré mi centro de operaciones para manejar todas mis industrias, mis casas de bolsa, mis agencias de automóviles, mis inmobiliarias, mis líneas aéreas, y mi banco con sus 247 sucursales.
Hombre, claro que sí, por supuesto extrañaré México; como el no hay dos, aquí se vive a plenitud si se tienen los recursos para ello, afortunadamente es mi caso.
La previsión es uno de mis agudos talentos, y hace 8 años compré en Manhattan un departamento de 200 metros cuadrados, justo ahí frente a Central Park; nadie imagina la vista, o sea, ¡supercool!.
Con el Mercedes blindado y el Ferrari, no hay ningún problema, me los enviarán en un contenedor exprofeso para el caso; mi vestuario prefiero dejarlo aquí en el país; aprovecharé la ocasión para renovarlo, no sé si en Beverly Hills, o me doy una vuelta rápida a París en mi jet privado.
Tanto mi secretaria particular como mi asistente personal, ya están apuntadìsimos para irse conmigo; y no tengo problema para ello, una es egresada de Harvard, y el otro del MIT, ambos con MBA, y se adaptan perfectamente al “american way of life”.
Lo que lamento un tanto, y caray, ni modo, uno tiene sentimientos, es que indirectamente afectaré fuentes de empleo en el D.F.; sobre todo en los restaurantes de Santa Fe, Polanco, y alguno que otro de la Condesa y también las boutiques de Av. Masaryk… ¡eh pinche huevòn levántate, ya son las 5:30, a trabajar, luego te quejas que no puedes ni entrar al metro!, no te vayan a ganar el lugar en el tianguis de Neza, y va a venir a chingar el pinche dueño que le paguemos los siete meses de renta..Órale, tómate tu atole y lárgate… y ya te dije que te quites esa pinche chamarra mugrosa del América para lavártela cabròn, pareces puto retrato, hasta que no te de de una madriza vas a entender guey… chale, pinche de mi vieja, chingao, se mancha… tan chido que estaba soñando… puta, ya se me pasó el microbus, chaleee.
Nota: El personaje de este cuento no existe, ni tampoco el escenario, es pura ficción; lo que sí existe es la vieja gandalla del pinche huevòn.
Autor: Benjamìn Torres Uballe; prohibida la reproducciòn total o parcial a travès de cualquier medio con fines de lucro, sin la autorizaciòn por escrito del autor.
sábado, 17 de julio de 2010
EFRAIN
CUENTO.
Bebió el último trago de su copa de vino, cerró los ojos, y todos sus sentidos paladearon morbosamente el cabernet sauvignon cosecha 94; la comida había sido un manjar, tal y como se acostumbra en Madrid, aún y se haga esto en el más modesto de los bares.
Efraín pidió al camarero un “cortado” doble, en tanto le daba candela a uno de los puros que todavía le quedaban; se quedó pensativo por un largo momento, y sólo lo interrumpió el mesero con el café; le gustaba al máximo España, su cultura, el vino, la comida, el idioma, sus bellísimas mujeres, en fin, se sentía como en casa, sin embargo la melancolía por México ya le comenzaba a pesar desde esta mañana en que despertó.
Cumplía su tercer viaje de trabajo a la madre patria, y verdaderamente estaba consciente de su buena suerte, viajaba con todo pagado por cuenta de la empresa para la cual trabajaba como gerente comercial; el motivo del viaje era visitar a su principal proveedor, cuyas instalaciones se ubicaban en la mediterránea ciudad de Valencia; había hecho muy buenas relaciones tanto comerciales como personales con el dueño, que verdaderamente era un tipazo.
El trabajo le llevaba unos cuatro días con el proveedor, y habitualmente le sobraban tres libres, en que normalmente se trasladaba a Madrid y se dedicaba a visitar sus lugares emblemáticos y recorrerla a pie hasta donde sus fuerzas le alcanzaran.
Por recomendación, se hospedaba en el “Aroza”, en la calle de la salud casi esquina con la gran vía, realmente la ubicación era privilegiada, de ahí se podía dirigir sin mayor contratiempo y caminando a puerta del sol, recorrer la gran vía, curiosear en la “casa del libro” , llegar hasta la castellana, conocer la puerta de Alcalá, las Cibeles, el palacio de comunicaciones, el museo del prado, la cámara de los diputados, tomarse un exprés en el “museo del jamón”, darse una vuelta al “corte inglés” para ver las novedades en cuanto a vinos.
Le gustaba despertarse como a las nueve de la mañana, y desayunar en el restaurant del hotel para abreviar tiempo, en tanto leía “El País”; después a caminar como cartero por todas partes sin seguir alguna ruta predeterminada, y comer en algún bar que le pareciera adecuado, el único requisito era que hubiese mucha gente; le entraba a todo, tortilla de patatas, pulpo, jamón, chorizo, fabada, en fin, lo que hubiese, a nada le ponía peros, normalmente lo acompañaba con un torres 20, el infaltable cortado y un licor del 43.
Por recomendación del portero del Aroza, un día se dirigió a comer un cocido madrileño al restaurant “De la Bola”, situado en el parque del mismo nombre; al llegar le preguntaron que si tenía reserva, y como no había hecho reservación, le pidieron que esperara unos minutos, tiempo durante el que se dedicó a mirar las fotos de los personajes que han ido a comer ahí: entre ellos “Hugo el pentapichichi”, con una dedicatoria amable al personal del restaurant.
Francamente el cocido estaba de campeonato, delicioso; en esa ocasión intentó con una cerveza española, pero fue mala elección, las cañas ibéricas no son malas, son pésimas, y mas si sabes que en México abundan las cervezas de calidad mundial en cualquier estanquillo.
Efraín anotó en su lista de lugares consentidos de cinco estrellas al “Restaurant de la Bola”, tal como ya lo había hecho con “Casa Roberto” en Valencia, donde comió la mejor paella de su vida.
Volvió al hotel como a las 7 de la noche, había caminado muchísimo y estaba un tanto cansado; se recostó un momento, y luego se duchó, volvió a salir y se dirigió a puerta del sol; quería comprar unos Armani para sol que ya había visto el día anterior, se los mostrò la vendedora, se los probó, le complacieron, los pagó, y entonces se dirigió a comprar unas playeras y unos llaveros con motivos españoles para sus padres y su secretaria.
Las 10 de la noche, el tiempo transcurrió rápido; camino al hotel vio un bar con mesitas en la calle muy concurrido, se sentó y pidió un “fundador”, rememorando a “Mecano”, otro puro y luego otro fundador, por qué será, pensó, que el fundador sabe mejor aquí, y mirando a esas “majas” con ojos color miel y de curvas nada despreciables que parloteaban alegremente.
De vuelta en el hotel, a poner todo en orden; el vuelo de Aeroméxico partirà a las 13.00 horas, hay que estar a las 11 de la mañana, afortunadamente el hotel contaba con servicio de transporte al aeropuerto de barajas a precio módico.
No pudo dormir bien, por el contrario; la emoción de volver a casa le hizo pasar mala noche, así que se levantó a las seis de la mañana, empacó, bajò a desayunar, pagó la cuenta, y a las diez llegó el autobús que llevaría a los huéspedes al aeropuerto.
Llegaron puntuales, Efraín documentó, y en tanto era hora de abordar se dedicó a visitar las tiendas del duty free, no con el afán de comprar, sino mas bien para pasar el tiempo.
“Pasajeros de Aeroméxico del vuelo 3 con destino a la Ciudad de México, sírvanse abordar”; el corazón le brincò de emoción.
No evitò una leve sonrisa en el momento en que el enorme avión 767 despegò; le esperaban 11 horas y media de viaje, que se le iban a hacer eternas para poder ver al “Monstro” quien lo iba a recibir en el aeropuerto, y para abrazar y besar a “Marita” y al “Jefecillo”,ah, y para entregarle a la siempre hermosa y consentida Pao la muñeca de porcelana que le había comprado en una tienda de la plaza mayor...
Autor: Benjamìn Torres Uballe; prohibida la reproducciòn total o parcial a travès de cualquier medio,con fines de lucro, sin la autorizaciòn por escrito del autor.
Bebió el último trago de su copa de vino, cerró los ojos, y todos sus sentidos paladearon morbosamente el cabernet sauvignon cosecha 94; la comida había sido un manjar, tal y como se acostumbra en Madrid, aún y se haga esto en el más modesto de los bares.
Efraín pidió al camarero un “cortado” doble, en tanto le daba candela a uno de los puros que todavía le quedaban; se quedó pensativo por un largo momento, y sólo lo interrumpió el mesero con el café; le gustaba al máximo España, su cultura, el vino, la comida, el idioma, sus bellísimas mujeres, en fin, se sentía como en casa, sin embargo la melancolía por México ya le comenzaba a pesar desde esta mañana en que despertó.
Cumplía su tercer viaje de trabajo a la madre patria, y verdaderamente estaba consciente de su buena suerte, viajaba con todo pagado por cuenta de la empresa para la cual trabajaba como gerente comercial; el motivo del viaje era visitar a su principal proveedor, cuyas instalaciones se ubicaban en la mediterránea ciudad de Valencia; había hecho muy buenas relaciones tanto comerciales como personales con el dueño, que verdaderamente era un tipazo.
El trabajo le llevaba unos cuatro días con el proveedor, y habitualmente le sobraban tres libres, en que normalmente se trasladaba a Madrid y se dedicaba a visitar sus lugares emblemáticos y recorrerla a pie hasta donde sus fuerzas le alcanzaran.
Por recomendación, se hospedaba en el “Aroza”, en la calle de la salud casi esquina con la gran vía, realmente la ubicación era privilegiada, de ahí se podía dirigir sin mayor contratiempo y caminando a puerta del sol, recorrer la gran vía, curiosear en la “casa del libro” , llegar hasta la castellana, conocer la puerta de Alcalá, las Cibeles, el palacio de comunicaciones, el museo del prado, la cámara de los diputados, tomarse un exprés en el “museo del jamón”, darse una vuelta al “corte inglés” para ver las novedades en cuanto a vinos.
Le gustaba despertarse como a las nueve de la mañana, y desayunar en el restaurant del hotel para abreviar tiempo, en tanto leía “El País”; después a caminar como cartero por todas partes sin seguir alguna ruta predeterminada, y comer en algún bar que le pareciera adecuado, el único requisito era que hubiese mucha gente; le entraba a todo, tortilla de patatas, pulpo, jamón, chorizo, fabada, en fin, lo que hubiese, a nada le ponía peros, normalmente lo acompañaba con un torres 20, el infaltable cortado y un licor del 43.
Por recomendación del portero del Aroza, un día se dirigió a comer un cocido madrileño al restaurant “De la Bola”, situado en el parque del mismo nombre; al llegar le preguntaron que si tenía reserva, y como no había hecho reservación, le pidieron que esperara unos minutos, tiempo durante el que se dedicó a mirar las fotos de los personajes que han ido a comer ahí: entre ellos “Hugo el pentapichichi”, con una dedicatoria amable al personal del restaurant.
Francamente el cocido estaba de campeonato, delicioso; en esa ocasión intentó con una cerveza española, pero fue mala elección, las cañas ibéricas no son malas, son pésimas, y mas si sabes que en México abundan las cervezas de calidad mundial en cualquier estanquillo.
Efraín anotó en su lista de lugares consentidos de cinco estrellas al “Restaurant de la Bola”, tal como ya lo había hecho con “Casa Roberto” en Valencia, donde comió la mejor paella de su vida.
Volvió al hotel como a las 7 de la noche, había caminado muchísimo y estaba un tanto cansado; se recostó un momento, y luego se duchó, volvió a salir y se dirigió a puerta del sol; quería comprar unos Armani para sol que ya había visto el día anterior, se los mostrò la vendedora, se los probó, le complacieron, los pagó, y entonces se dirigió a comprar unas playeras y unos llaveros con motivos españoles para sus padres y su secretaria.
Las 10 de la noche, el tiempo transcurrió rápido; camino al hotel vio un bar con mesitas en la calle muy concurrido, se sentó y pidió un “fundador”, rememorando a “Mecano”, otro puro y luego otro fundador, por qué será, pensó, que el fundador sabe mejor aquí, y mirando a esas “majas” con ojos color miel y de curvas nada despreciables que parloteaban alegremente.
De vuelta en el hotel, a poner todo en orden; el vuelo de Aeroméxico partirà a las 13.00 horas, hay que estar a las 11 de la mañana, afortunadamente el hotel contaba con servicio de transporte al aeropuerto de barajas a precio módico.
No pudo dormir bien, por el contrario; la emoción de volver a casa le hizo pasar mala noche, así que se levantó a las seis de la mañana, empacó, bajò a desayunar, pagó la cuenta, y a las diez llegó el autobús que llevaría a los huéspedes al aeropuerto.
Llegaron puntuales, Efraín documentó, y en tanto era hora de abordar se dedicó a visitar las tiendas del duty free, no con el afán de comprar, sino mas bien para pasar el tiempo.
“Pasajeros de Aeroméxico del vuelo 3 con destino a la Ciudad de México, sírvanse abordar”; el corazón le brincò de emoción.
No evitò una leve sonrisa en el momento en que el enorme avión 767 despegò; le esperaban 11 horas y media de viaje, que se le iban a hacer eternas para poder ver al “Monstro” quien lo iba a recibir en el aeropuerto, y para abrazar y besar a “Marita” y al “Jefecillo”,ah, y para entregarle a la siempre hermosa y consentida Pao la muñeca de porcelana que le había comprado en una tienda de la plaza mayor...
Autor: Benjamìn Torres Uballe; prohibida la reproducciòn total o parcial a travès de cualquier medio,con fines de lucro, sin la autorizaciòn por escrito del autor.
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